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Mi hijo/a hace bullying: cómo identificar la causa, actuar eficazmente y guiarle hacia el cambio

Descubrir que tu hijo o hija está acosando a otros es un golpe difícil. Pero es importante recordar algo: que tu hijo/a haga bullying no significa que sea una mala persona. El acoso escolar es un comportamiento que siempre tiene una causa detrás, y como madres y padres, es nuestra tarea descubrir qué está pasando y ayudarle a cambiar.

¿Qué puede estar ocurriendo?

Estas son algunas de las razones más comunes por las que un niño o niña puede empezar a acosar:

  • Quiere encajar en un grupo:Puede que esté intentando ganarse la aceptación de compañeros/as que usan las burlas o la exclusión como forma de relacionarse.
  • Está expuesto/a a violencia en casa o su entorno:Si en casa hay gritos, insultos o trato agresivo, puede asumir que esa forma de comunicarse es válida.
  • No tiene límites claros:Si siempre se sale con la suya o no hay consecuencias, puede desarrollar actitudes de superioridad y control sobre los demás.
  • Tiene baja autoestima o problemas emocionales:A veces, el acoso es una manera de sentirse fuerte cuando por dentro se siente pequeño/a, inseguro/a o frustrado/a.
  • Imita lo que ve:Si observa actitudes burlonas, despectivas o violentas por parte de adultos cercanos, personajes públicos o en medios digitales, puede repetir esos modelos sin cuestionarlos.
  • No sabe cómo relacionarse:Puede que no sepa cómo hacer amigos/as o cómo expresar lo que siente, y recurra al control o la intimidación para conseguir atención.
  • Quiere evitar ser él/ella quien sufra el acoso:A veces, acosar a otros es una estrategia para no convertirse en víctima.

¿Qué puedes hacer como madre o padre?

Aquí tienes una guía clara y concreta para actuar si descubres que tu hijo/a está haciendo bullying:

1. Acepta el problema y evita justificarlo

Es natural sentir vergüenza, culpa o negación, pero minimizar la situación solo la empeorará. Frases como “solo es cosa de niños” o “seguro que el otro también lo provocó” pueden impedir que tomes medidas efectivas.

  • Acción práctica: escucha con atención a los profesores, otros padres o cualquier testigo del comportamiento de tu hijo/a. No te pongas a la defensiva; reúne información objetiva sobre lo ocurrido.

2. Habla con tu hijo: comprensión sin tolerancia

Cuando te lo comuniquen desde el colegio o por otro medio, habla con tu hijo/a sin perder los nervios. Puedes decirle:

  • “Me han dicho que ha habido un problema con tu comportamiento hacia otros compañeros/as. Quiero entender qué ha pasado. Cuéntamelo, por favor”.

Es fundamental crear un espacio de diálogo sincero. ****

3. Investiga qué hay detrás del comportamiento

Pregúntale cómo se siente, si hay algo que le preocupa o si ha vivido alguna situación que le esté afectando. A menudo, el acoso es una forma de expresar un malestar que no sabe cómo canalizar.

Podrías decirle algo como:

  • “¿Hay algo que te esté haciendo sentir mal últimamente? A veces cuando estamos enfadados o tristes, lo pagamos con los demás sin darnos cuenta.”
  • “¿Te has sentido solo/a en el cole? ¿Te cuesta hacer amigos/as o estar en grupo?”
  • “¿Te está pasando algo que te pone nervioso/a, en clase, en casa o con alguien del colegio?”

4. Establece límites y consecuencias claras

El castigo extremo no siempre funciona. Lo ideal es aplicar consecuencias relacionadas con su comportamiento.

  • Acción práctica:

Si el acoso ocurrió en redes sociales → Suspende temporalmente el acceso a internet.

Si excluyó a alguien → Haz que organice una actividad con ese compañero/a.

Si usó violencia → Pídele que escriba una carta de disculpa y reflexione sobre sus acciones.

Los castigos deben ser proporcionales y con posibilidad de redimirse, para que no pierdan su efecto motivador.

5. Fomenta la empatía

Ayúdale a ponerse en el lugar de la otra persona. La idea no es hacerle sentir culpable, sino que comprenda cómo se siente la persona a la que ha hecho daño y que desarrolle sensibilidad hacia los demás.

Podrías plantearle preguntas que le hicieran reflexionar, como las siguientes:

  • “Imagina que tú fueras esa persona, y que todos los días alguien te dijera cosas feas o no te dejara jugar. ¿Cómo te sentirías?”
  • “¿Crees que tu compañero/a se ha ido a casa contento/a o triste después de eso? ¿Cómo crees que se ha sentido?”
  • “¿Y si mañana alguien te hiciera eso mismo a ti delante de toda la clase? ¿Te gustaría?

6. Ayúdale a regular sus emociones y conducta

Los niños y niñas que muestran conductas agresivas suelen tener dificultades para gestionar la frustración, la rabia o el impulso de reaccionar sin pensar. No lo hacen por maldad, sino porque aún no saben cómo autorregularse.

Técnicas de autorregulación que puedes enseñarle:

  • Contar hasta 10 o alejarse del lugar durante unos minutos antes de responder.

    “Si notas que te estás poniendo muy nervioso/a, puedes alejarte un momento, respirar y luego hablar.”

  • Respirar profundamente 3 veces cuando sienta rabia o frustración.

    Enséñale a inspirar por la nariz, retener el aire unos segundos y soltarlo lentamente por la boca.

  • Dibujar, escribir o usar un diario emocional para expresar lo que siente en vez de explotarlo con otros.

    “Puedes escribir lo que te ha pasado o cómo te has sentido. Luego lo leemos juntos si quieres.”

  • Usar palabras para expresar emociones básicas:

    “Estoy enfadado/a porque…”, “Me molesta cuando…”, “Me siento triste al…”

  • “Semáforo emocional” (muy útil con peques):
    • 🔴 Rojo: paro (me estoy enfadando).
    • 🟡 Amarillo: pienso (¿Qué está pasando?, ¿Qué opciones tengo?).
    • 🟢 Verde: actúo (escojo la mejor opción).

7. Revisa el ambiente familiar

Hazte estas preguntas:

  • ¿Cómo nos hablamos en casa?
  • ¿Permitimos las burlas o los comentarios hirientes?
  • ¿Cómo resolvemos los conflictos?

Si hay aspectos que mejorar, este es un buen momento para empezar a cambiarlos. Los niños y niñas aprenden principalmente de lo que ven.

8. Colabora con el centro educativo

Es fundamental involucrar a la escuela en la situación. Pregunta qué ha pasado exactamente, cómo se está abordando el problema y cómo podéis colaborar juntos para resolverlo. Los centros educativos cuentan con planes de convivencia, protocolos de actuación en casos de acoso y equipos de orientación que pueden ser clave para intervenir de manera efectiva.

Acciones concretas:

  • Solicita una reunión con los profesores o el equipo de orientación para que te expliquen cómo están gestionando el caso y qué medidas están tomando.
  • Pregunta por los protocolos específicos del centro en casos de acoso, tanto físico como digital.
  • Ofrece tu colaboración: pregunta cómo podéis trabajar conjuntamente para garantizar que el problema se resuelva de manera adecuada y que tu hijo/a reciba el apoyo necesario.
  • Involucra a tu hijo/a en la solución, mostrando que tanto la escuela como la familia están comprometidas a ayudarle.

Es importante que trabajéis de manera conjunta con el colegio, porque una actuación coordinada entre familia y centro es fundamental para conseguir un cambio real y duradero.

9. Ayúdale a reparar el daño

Pedir perdón es un buen comienzo, pero no siempre basta. Es importante que tu hijo/a entienda que sus acciones han afectado a otra persona y que tiene la responsabilidad y la capacidad de hacer algo para compensarlo.

Acción práctica: Hablad juntos sobre qué puede hacer para reparar ese daño. Algunas ideas:

  • Escribir una carta sincera en la que explique cómo se siente al respecto, reconozca lo que ha hecho mal y exprese su deseo de cambiar.
  • Hablar cara a cara con la persona a la que ha herido, pidiendo perdón de forma honesta y mostrando disposición a mejorar su comportamiento.
  • Realizar un gesto positivo de inclusión: invitar a ese compañero/a a jugar o ayudarle en clase.
  • Colaborar en alguna actividad grupal donde pueda aprender a cooperar y mostrar actitudes respetuosas.
  • Participar en una acción solidaria (aunque no esté directamente relacionada con la situación): por ejemplo, ayudar a otros niños/as en el aula, colaborar en casa o implicarse en un proyecto donde pueda practicar el respeto y la empatía.

10. Respeta el proceso de la otra persona

Aunque tu hijo/a quiera pedir perdón y reconozca que lo ha hecho mal, la persona que ha sido víctima del acoso puede no estar preparada para aceptar ese gesto de inmediato. Tal vez sienta miedo, desconfianza o simplemente necesite más tiempo para sentirse segura.

Explícale a tu hijo/a que reparar no significa que todo se solucione de un día para otro. No es realista pensar que, tras hacer daño, al día siguiente todo volverá a la normalidad y ya podrán ser amigos/as. La reparación debe ser progresiva y respetuosa con el ritmo de la otra persona.

Puedes decirle algo como:

“Lo importante no es que te perdone hoy mismo, sino que vea, poco a poco, que realmente estás cambiando. No basta con decir ‘perdón’, tienes que demostrarlo con tus acciones cada día”.

Este proceso puede incluir gestos pequeños pero constantes: saludar con respeto, no interferir en su espacio, ofrecer ayuda si la necesita, o simplemente no repetir el daño.

Ayúdale a comprender que ganarse de nuevo la confianza lleva tiempo, pero que es posible. Y que eso también forma parte de crecer y madurar.

11. Supervisa su comportamiento, especialmente online

Si el bullying ha sido digital (ciberbullying), es fundamental estar atentos a las redes sociales y mensajes de tu hijo/a durante un tiempo. La realidad es que, en el mundo digital, las interacciones pueden ser mucho más rápidas y difíciles de controlar, lo que aumenta el riesgo de situaciones tóxicas o conflictivas.

Explícale que lo haces con la intención de acompañarle y guiarle, no porque desconfíes de él/ella. La clave es que entienda que supervisar no significa invadir su privacidad, sino ayudarle a aprender a relacionarse de manera responsable y segura.

Acciones prácticas para hacerlo de forma respetuosa y efectiva:

  • Habla abiertamente sobre el uso de las redes sociales. Explícale los riesgos del ciberbullying y la importancia de ser respetuoso/a online, igual que lo sería en persona.
  • Fomenta la idea de tener redes sociales saludables. Hablad sobre qué tipo de contenido es adecuado compartir y cómo proteger su privacidad y la de los demás.
  • Supervisión activa y sin juicios. Acuerda con tu hijo/a que, en momentos puntuales, revisarás sus redes o historial de mensajes. Lo importante es que sea una actividad transparente, donde tu hijo/a sepa que es un acuerdo, no una imposición. Esto se puede hacer de forma periódica y no de manera invasiva.

12. Refuerza el vínculo y la comunicación diaria

Hablar con tu hijo/a cada día es clave para prevenir y corregir el bullying. Haz de la comunicación un hábito: pregunta por su día, sus emociones, lo que le ha gustado o lo que le ha molestado. Escuchar y estar presente crea un espacio seguro para que se abra sin miedo a ser juzgado/a.

Acciones concretas:

  • Crea momentos para hablar: durante la cena, mientras paseáis o al final del día.
  • Haz preguntas abiertas: “¿Cómo te has sentido hoy?”, “¿Ha ocurrido algo que te haya incomodado?”
  • Escucha activamente y valida sus sentimientos: muestra interés genuino por lo que te cuenta.

Cuando tu hijo/a se siente apoyado/a y comprendido/a, es mucho más fácil prevenir y corregir conductas problemáticas como el bullying. Esta conexión diaria es el fundamento para su bienestar emocional y social.

13. Busca ayuda profesional si hace falta

Si la conducta se repite o el problema parece profundo, no dudes en acudir a un/a psicólogo/a infantil. Un profesional puede ayudaros a entender mejor lo que está ocurriendo y darle herramientas a tu hijo/a para gestionar sus emociones y relaciones.

Conclusión

Si descubres que tu hijo/a está acosando a otros, es vital actuar con rapidez y determinación. No se trata de buscar excusas o minimizar la situación, sino de tomar responsabilidad como padre o madre para corregir ese comportamiento de forma firme. Esto implica enfrentar la realidad, educar sobre el respeto y la empatía, y hacerle entender que las consecuencias de sus acciones pueden ser graves, tanto para él como para los demás. La clave es actuar con claridad, asegurarse de que el niño/a comprenda el impacto de sus acciones, y establecer límites y consecuencias que refuercen un cambio real.