La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de autonomía e identidad. Es normal que tu hijo/a quiera tomar decisiones sobre su vida, pero a veces se extiende más allá de lo que le corresponde, afectando a toda la familia. Si tu hijo/a busca ser el/la único/a en tomar decisiones, tanto sobre su vida como sobre las de los demás, es importante establecer límites y enseñarles la importancia del respeto mutuo y de la toma de decisiones compartida. Aquí tienes estrategias prácticas para manejar esta situación.
1. Establece límites claros entre lo que puede decidir y lo que no puede
Es fundamental que tu hijo/a entienda que, aunque tiene derecho a tomar decisiones sobre su vida, no puede ser el/la único/a que decida sobre asuntos que afectan a otros miembros de la familia. Aquí es donde debes establecer qué decisiones son exclusivas de él/ella y cuáles deben ser tomadas de manera consensuada con todos.
Para ello, clasificad juntos las decisiones en tres categorías:
- No negociables: salud, seguridad y obligaciones familiares.
- Negociables con límites: elección de actividades, estilo personal, horarios dentro de lo razonable.
- Libres: gustos personales que no afectan el bienestar.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere decidir si puede quedarse fuera hasta medianoche, puedes decir: “Entiendo que quieres disfrutar de la noche, pero la hora de llegada es no negociable por cuestiones de seguridad. Puedes quedarte un ratito más de lo acordado si tus amigos y tú permanecéis en un lugar seguro”.
2. Utiliza el “proceso de decisión compartida”
Involucra a tu hijo/a en el proceso de toma de decisiones en situaciones importantes, dándole la oportunidad de opinar pero con límites claros.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere decidir cómo organizar las tareas del hogar, organiza una conversación familiar donde todos aportéis vuestra opinión. Puedes decir: “Entiendo que quieras elegir tus responsabilidades, pero debemos asegurarnos de que todos colaboremos de manera justa. En nuestra familia, tomamos estas decisiones juntos/as para que todos tengamos tiempo libre y cumplamos con nuestras obligaciones.”
3. Enseña a evaluar decisiones con el método de pros y contras
Antes de aceptar o rechazar una decisión, pídele que haga una lista de ventajas y desventajas y reflexionad juntos.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere decidir si estudiar para un examen la noche anterior o no estudiar en absoluto, pídele que analice las consecuencias. “Haz una lista: ¿Qué beneficios tendría estudiar una hora? ¿Y qué pasaría si decides no estudiar? Al final, ambos decidimos qué es lo mejor.”
4. Explicar el impacto de sus decisiones en los demás
A veces, los adolescentes no son conscientes de cómo sus decisiones afectan a los demás. Es fundamental ayudarles a reflexionar sobre las consecuencias de sus elecciones.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere imponer una actividad que afecte a toda la familia, como cambiar el horario de las comidas o las actividades, pídele que reflexione sobre cómo afectará a los demás: “Entiendo que te gustaría cambiar el horario de la comida, pero eso afectaría a mamá/papá que tiene que trabajar en ese momento y a tu hermano/a que tiene actividades. ¿Cómo podemos hacer para que todos estemos contentos?” Esta reflexión le ayudará a comprender que no puede tomar decisiones sin tener en cuenta las necesidades de los demás.
5. Establecer consecuencias realistas por tomar decisiones unilaterales
Si tu hijo/a insiste en tomar decisiones que afectan a los demás sin consultar, establece consecuencias claras y razonables.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a decide cambiar una norma familiar importante, como el horario de regreso a casa, sin consultarlo, puedes decir: “Si no estamos de acuerdo en una norma familiar, esa norma no se puede cambiar. Así que, si decides volver más tarde de lo acordado sin preguntar a los demás, las consecuencias serán que perderás el privilegio de salir durante una semana.” Las consecuencias deben ser claras y consistentes, para que tu hijo/a entienda que hay límites que no se pueden cruzar.
6. Acuerdos con condiciones
En lugar de prohibir rotundamente, ofrece alternativas razonables y claras. Esta técnica enseña a tu hijo/a que puede tomar decisiones, pero dentro de unos límites establecidos.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere decidir si puede ir a una fiesta sin tener en cuenta que debe cumplir con responsabilidades en casa, puedes decirle: “Sí, puedes ir a la fiesta, pero primero tienes que cumplir con tus responsabilidades. Si haces tus tareas, puedes disfrutar de la fiesta.” Esta respuesta le da control sobre la decisión, pero también establece claramente lo que se espera de él/ella.
7. Evitar el control excesivo o la permisividad total
Es importante encontrar un equilibrio entre ser demasiado permisivo/a o demasiado controlador/a. Si permites que tu hijo/a tome todas las decisiones sin límites, puedes reforzar una actitud egoísta. Por otro lado, un control excesivo puede generar rebeldía. Lo ideal es mantener un enfoque equilibrado que le permita tomar decisiones, pero con límites claros.
Ejemplo práctico: si tu hijo/a quiere decidir el menú de todos los días, puedes decirle: “Tú puedes decidir lo que quieres comer en la cena, pero todos debemos comer lo que hay en la casa, y cada día alguien toma el turno de elegir. Así, todos/as tenemos la oportunidad de decidir y también de respetar las elecciones de los demás.”
Conclusión
Guiar a tu hijo/a hacia una autonomía responsable implica ayudarle a comprender que no puede tomar todas las decisiones que afectan a la familia. Usa estas estrategias para enseñar la importancia de la toma de decisiones compartida y el respeto por los demás. Al fomentar una comunicación abierta, la cooperación y el establecimiento de límites claros, puedes ayudar a tu hijo/a a desarrollar habilidades de toma de decisiones responsables mientras mantiene el respeto por los demás miembros de la familia.